Entrevista a Julian Alvarez

Julian-Alvarez-herbalifeJulián Álvarez es médico y nutricionista, especializado en medicina deportiva. A lo largo de su carrera profesional ha trabajado con equipos profesionales, selecciones nacionales y deportistas individuales en varias disciplinas, como baloncesto, fútbol o triatlón. Actualmente forma parte del Consejo Consultor de Nutrición de Herbalife. Se define como una persona singular, con gran capacidad de hacer cosas diferentes, de no seguir el camino estándar establecido y como un enamorado de la vida.

 

Después de una extensa carrera como médico, especializado en medicina, nutrición y fisiología deportiva, ¿qué te mueve ahora mismo?

Me mueve aprender, me apasiona aprender. Además me mueve enseñar a las personas que hay claves tan sencillas y fáciles que pueden hacerles cambiar su vida, que las tienen ahí y no las están utilizando. Imagina que yo fuera economista y tuviera la solución a la pobreza… me estaría reconcomiendo no poder aplicarla.

 

Como experto en nutrición deportiva, ¿cómo se debe alimentar un deportista que quiere rendir al más alto nivel en el momento de máxima exigencia?

Inteligentemente. Siempre intento hacer un planteamiento sencillo, porque las cosas sencillas al final son las que se hacen. Un deportista lo primero que es, es una persona, y se tiene que alimentar como cualquier persona, es decir, bien. Antiguamente, comíamos cuando cazábamos y después de cazar no sabíamos cuando íbamos a volver a comer. Hoy en día, podemos comer más dividido y sabemos que comer más veces, en menor cantidad, es más saludable. Por ejemplo, cuando una persona está en el hospital y se le pone nutrición palenteral, tiene una nutrición continua, que ofrece muchas ventajas. Aunque también es verdad que nuestro organismo funciona por ritmos, lo que se denomina la cronobilogogía o los bioritmos, que responde a una serie de marcadores, que son fundamentalmente el ritmo luz-oscuridad, las comidas y la actividad física, y esto influye en la actividad de nuestro sistema hormonal, que va cambiando a lo largo del día.

Desde este punto de vista, las personas deben tener una alimentación correcta, balanceada. Aunque, desde mi punto de vista, lo que hoy en día, en algunos círculos se denomina una alimentación balanceada es demasiado cargada en hidratos de carbono y mal ajustada en proteína. Hay que comer más proteína, no en cuanto a cantidades, sino consumirla de una manera más continua, primero porque es el factor fundamental que marca la situación de anabolismocatabolismo en el organismo y en segundo lugar porque favorece la saciedad, algo muy relevante en una sociedad con sobrepeso.

 

El “alimento” del entrenamiento lo planteamos como un alimento aparte, aunque no es totalmente así, porque cuando estás entrenando, cambias cosas en tu dieta. Pero lo más importante, hoy en día, en nutrición deportiva es entender que cuando entrenas, lo que estás haciendo es “destruir”, se trata de una actividad tremendamente catabólica, pero es una destrucción con mensaje, estás diciéndole a tu cuerpo que “no te basta” con lo que tienes, que “quieres más”. Estás rompiendo fibras musculares, consumiendo combustibles, generando radicales libres,… y generando la producción de señales celulares, que es un complejo de moléculas relativamente amplio, en gran medida relacionado a través del AMP cíclico, que ponen en marcha mecanismos, habitualmente de síntesis de enzimas u otras proteínas, como las de las fibras musculares o el citoesqueleto.

O dicho de otra manera, nuestros genes tienen todo lo que necesitan, pero ese “todo” no está siempre funcionando. Durante el entrenamiento, sea de pesas, sea de bicicleta, hayas ido a correr… estas señales celulares especifican de qué necesitas más, le estás dando a tus células una señal para reconstruir una nueva versión de ti mismo que sea mejor en aquello que le has exigido, eso es lo que denominamos “adaptación”. Para reconstruir, en ese momento, hay una necesidad muy grande de determinados nutrientes por parte de esas fibras musculares, que hay que hacer llegar lo antes posible. Por eso es muy importante que esa nutrición esté asociada al ejercicio, es decir, que según acabes de entrenar aproveches para ingerir esos nutrientes, a través de una comida o bebida (mejor bebida porque es más rápido y porque al mismo tiempo estás rehidratando) de fácil asimilación y absorción. Para eso se desarrollan modelos de batidos que consiguen, en el mínimo tiempo, generar el mejor ambiente en esa célula para que esas señales celulares tengan el efecto esperado y así el entrenamiento se asimile. De lo contrario, al día siguiente entrenarás peor, y a la larga podrás desarrollar un síndrome de sobre-entrenamiento o fatiga crónica.

 

En cada país tenemos una cultura y una forma de ver y hacer las cosas. ¿Qué diferencias encuentras en la alimentación entre regiones?

He conocido gran cantidad de países en Europa, Sudamérica y el resto del mundo gracias a mi trabajo. En Noruega te comes un salmón, en México chapulines, en Perú el ceviche, en Jerusalén un estofado de lengua de cabra y en cada región lo típico. Yo soy un enamorado de la gastronomía, creo en la cultura gastronómica, que identifica a los pueblos. Antes, cuando recibías a un extranjero le ofrecías lo mejor de lo tuyo para agasajarlo, y lo principal que ofrecías era comida. Y eso ha ido generando una cultura que es un bello reflejo de la historia de los pueblos. Yo vivo en la zona mediterránea, donde hay una cultura gastronómica muy rica heredada de los moriscos, que se está perdiendo.

En todas las regiones tenemos diferencias culturales, pero la globalización afecta en esto y lo malo es que en la alimentación es la globalización de la fast food, que en realidad no es ni rápido ni tan “food”, y lo malo es que nos lleva a perder mucha cultura. Es el concepto de quitarle valor a la alimentación. Lo que se ha venido a denominar el fenómeno de la caloría barata como respuesta a un mercado alimentario poco concienciado del valor de la nutrición.

Por ejemplo, las economías emergentes, como Brasil o México, han tenido que hacer esta transición nutricional mucho más rápido y no la han podido asimilar, y por ello en estos países se está  desarrollando mucha más obesidad y diabetes de tipo II (que es la patología metabólica más directamente relacionada con una mala alimentación.

 

Más que buscar diferencias, la clave está en esa pérdida de cultura gastronómica que tenemos que intentar recuperar. Perder cultura no es bueno y, sobre todo, está reflejando que no nos preocupa la comida. Hasta hace 100 años nuestra historia y la de todos los animales ha sido una historia de hambre, de supervivencia, y ¡ahora parece que no nos preocupa la comida! Tenemos esa chulería de que esto ya lo hemos dominado, hemos pasado del hambre a comer sin medida y sin conciencia y a convertir la alimentación en nuestro primer problema de salud. La alimentación del futuro creo que consiste en recuperar la gastronomía y aplicar la ciencia alimentaria en el manejo de un buen desarrollo de alimentos saludables dentro de un sistema de producción sostenible y suplementos que complementen a esa gastronomía. Yo quitaría toda esa globalización alimentaria de en medio y me quedaría con una muy buena comida menos procesada, más “auténtica”, que además debería ser comida local, que es más ecológica, más cultural, respeta la economía y productores locales, que exige menos transporte, que contamina menos y más bonita porque es la tuya y te identificas con ella. Como en ocasiones no dispones del tiempo y es complicado preparar las comidas se podrían desarrollar productos nutricionales, que hoy le llamamos suplementos, pero que para mí son realmente complementos, aunque da igual cómo se les llame, a los que se les exigiera un alto valor nutricional y una moderación calórica.

 

En el siglo XXI, en gran parte gracias a la tecnología, nos hemos acostumbrado a que el mundo cambie a una velocidad mucho mayor que en el siglo XX. En el ámbito de la medicina, ¿qué es lo próximo en llegar y qué nos va a aportar?

Un mayor entendimiento de las claves que nos da la genética, que además vino demasiado rápido y se pensó que cuando se leyera el código genético lo íbamos a saber todo y de nuevo la naturaleza nos ha mostrado nuestra ignorancia, más allá de nuestras creencias de un conocimiento absoluto.

Está el código genético, pero ahora resulta que el cuerpo puede expresar o no esos genes y que el estilo de vida, la alimentación o el ejercicio influyen en que expreses unos genes u otros. La genómica, la epigenética, son nuevas áreas que nos muestran modelos y mecanismos sorprendentes cada día. Por ejemplo, hoy en día, se recomienda que si quieres ser padre (responsable, claro), desde un año antes de dejar embarazada a tu mujer, mejores tu estilo de vida, porque ese estilo de vida afecta al entorno de tus genes y esta modificación se puede transmitir a la siguiente generación, a tus hijos, sin que eso suponga un cambio en los genes, o en la visión clásica de ese código genético que teníamos antes. Estamos descubriendo que, además de la genética, tiene mucho valor el manejo de los mecanismos moleculares asociados a cómo usamos esa genética, y nuestro estilo de vida tiene mucho que decir en eso.

 

En el campo de los diagnósticos, cada día tenemos más medios para diagnosticar y establecer una valoración de salud. Y, aunque esto está muy bien, a veces se genera una demanda poco racional. Hay medios que tenemos desde hace mucho tiempo, como la prueba de esfuerzo, que todo el mundo que realiza ejercicio se debería hacer y, sin embargo, no es así.

 

Debido a esta velocidad de crucero, ¿Qué se podría hacer mejor en el ámbito de la medicina? ¿Qué se ha dejado a un lado?

Estamos yendo tan rápido que no podemos abarcar tanto conocimiento. Precisamente por ello, yo simpatizo con el concepto de médico integral, el médico que trata a las personas como tal, empezando por el momento en que entra el paciente en la consulta, en el que le saluda, sonríe y le da la mano. Lo cual no es óbice para que luego se consulte a otros profesionales o se recurra a las pruebas necesarias si la situación lo requiere. Pero, antes de todo eso, hay que hacer sentir al paciente que estás presente, mirarle a la cara y que sienta qué te preocupa lo que le pasa.

Ahora, parece que en esta medicina tecnológica, el primer paso del médico es a quien te redirijo o qué pruebas te mando y son esas pruebas las que diagnostican. Este avance tecnológico es una maravilla, pero no debemos perder el factor humano en la medicina. Ahora descubres más cosas, pero solucionas menos problemas, la gente está más enferma, o menos sana. Habría que reflexionar sobre esto.

 

Es clave la comunicación, que lleva ligado el factor humano, se necesita mucha más formación en comunicación en las facultades de medicina. Es muy importante, no que los médicos sepamos tanto (en el sentido de conocimientos puntuales que son cambiantes, además las tecnologías sí pueden apoyarnos en eso), lo importante es que estemos más cerca de los pacientes, que seamos mentores de salud, que nos entiendan y que las cosas que les decimos, las personas las puedan, sepan y quieran hacer en su día a día. Recordarles que gran parte del trabajo está en sus manos. Empoderar a las personas, que las personas puedan requerir la ayuda del médico para conocer que está “roto”, que está fallando y luego lo arreglen juntos entre el médico y el paciente.

Esta comunicación es importante entre paciente y médico, pero también entre el mundo de la ciencia y el conocimiento general/popular, por ejemplo, a través de programas de televisión en los que se explicara qué es y para qué sirve una analítica, qué es la obesidad “de verdad” o por qué es tan importante desayunar correctamente. En definitiva, incrementar la cultura médica de los ciudadanos, no sé si a través de la televisión, los colegios… también creo que hay incrementar la cultura a través de la salud: gastronomía, nutrición, ejercicio, higiene…

 

Hoy día se valora mucho en el mundo del deporte y la actividad física los equipos multidisciplinares, en los que has trabajado, para ayudar a conseguir los objetivos de las personas. ¿Qué aporta la medicina en estos equipos?

Como médico he trabajado en equipos con fisioterapeutas, nutricionistas, entrenadores… depende del entorno en el que te muevas. En Estudiantes, como médico tenía una responsabilidad importante, pero la cabeza del equipo es el entrenador, yo era un técnico más. En los Servicios Médicos de un Centro de Alto Rendimiento yo era la cabeza del grupo, el que dirigía el equipo, aportaba el liderazgo, que lo entiendo como un liderazgo cooperativo, en el que tienes la responsabilidad más alta, por ser el líder, pero la compartes con los colegas del equipo (médicos, fisios, enfermeros, nutricionistas, psicólogos,…)

La medicina de todas las ciencias de la salud es la más compleja, no en vano, la formación de un médico es el triple que las de algunas otras especialidades. La responsabilidad del médico es muy grande. Pero esto no te tiene porque llevar a una jerarquía de valor, en cada caso, según las circunstancias, un profesional será la persona clave. Lo importante es el equipo, que se resuelva la situación y el médico, como los demás, está al servicio del equipo.

 

fuente: www.tuyocoaching.es

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